Dolarización bursátil en Venezuela

La dolarización bursátil como mecanismo de reactivación financiera en Venezuela

La adopción plena del dólar en la Bolsa de Valores de Caracas podría favorecer la liquidez, atraer inversión y ampliar las opciones de financiamiento empresarial. Destaca especialmente su potencial para apoyar sectores intensivos en capital, como petróleo y energía, y fortalecer la reactivación económica.
I.                   Introducción

A partir de 2017 la economía venezolana atravesó un episodio de hiperinflación de magnitud histórica. El índice de precios al consumidor (IPC) acumuló incrementos anuales de 130.060% en 2018 (Banco Central de Venezuela, 2019), erosionando catastróficamente el valor del bolívar. Este colapso monetario derivó en una dolarización transaccional de facto: para 2021, 65% de las transacciones comerciales en el país se realizaban en dólares (Oliveros, 2021). En respuesta, las autoridades monetarias flexibilizaron en 2019 un régimen cambiario hasta entonces restrictivo, permitiendo el libre flujo de divisas (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2022). En marzo de 2022, junto con la entrada en vigencia de la Ley de Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras (IGTF, alícuota del 3% sobre pagos en moneda extranjera), el Ejecutivo publicó el Decreto N° 4.647, que exoneró la compra, venta y liquidación de títulos valores en divisas del pago del IGTF (Gaceta Oficial Extraordinaria N° 6.689, 2022). Este beneficio ha sido prorrogado sucesivamente; en consecuencia, las operaciones bursátiles en moneda extranjera han estado exentas del IGTF prácticamente desde el inicio de dicho tributo (Carbonell, 2024).

Desde una perspectiva macrofinanciera, este entorno consolidó al dólar como unidad de cuenta dominante en la economía venezolana, aun cuando el bolívar se mantuviera como medio de pago formal. El mercado de capitales no fue ajeno a esta dinámica, lo que explica la evolución reciente de la Bolsa de Valores de Caracas.

II.                Operativa actual de la BVC: transacciones en bolívares vs. divisas

En la actualidad la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) liquida formalmente sus operaciones en bolívares (VES). No obstante, existen distintas modalidades operativas que reflejan la adaptación del mercado a la pérdida de valor de la moneda local. Por un lado, subsisten series denominadas en bolívares puras, principalmente valores emitidos antes del período hiperinflacionario o con flujos asociados directamente a la moneda nacional. Por otro, la mayoría de los instrumentos negociados corresponde a series en bolívares indexadas al tipo de cambio oficial, cuyos precios se ajustan de manera continua en función de la cotización del dólar publicada por el BCV (Ramírez, 2020). En la práctica, esto implica que emisores e inversionistas valoran las operaciones en dólares estadounidenses, aunque la liquidación efectiva se realice en bolívares.

Este esquema de referencia cambiaria no siempre existió. Antes de la intensificación de la crisis, la BVC operaba exclusivamente con precios y liquidaciones en bolívares, sin ajustes automáticos. La prolongada hiperinflación y la rápida depreciación del bolívar obligaron al mercado a introducir la referencia al dólar como mecanismo de preservación del valor real de los activos (Bastidas, 2021).

En términos legales y operativos, el mercado bursátil venezolano está preparado y autorizado para transar directamente en dólares. La SUNAVAL autorizó en 2020 la emisión, negociación y liquidación de valores en moneda extranjera (Providencia N° 030‑2020), habilitando a los intermediarios a realizar operaciones bursátiles en USD a través de cuentas de custodia en divisas en bancos nacionales (Tinoco Travieso Planchart & Núñez, 2020). Pese a ello, no se han generalizado las series “puras” en dólares. Aun con la exoneración del IGTF vigente, persisten ciertas fricciones operativas (coordinación interbancaria de divisas, costos administrativos, ajustes de back office) que han llevado a emisores y casas de bolsa a mantener la liquidación en bolívares mediante la indexación, modalidad que consideran más simple y probada.

III.                Diagnóstico de la BVC: tamaño, liquidez y limitaciones

La Bolsa de Valores de Caracas se caracteriza actualmente por un tamaño sustancialmente reducido en comparación con sus pares regionales. Al cierre de 2024, la capitalización bursátil agregada de la BVC se situó en aproximadamente US$3.398 millones (Pimentel, 2025). En contraste, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) superó los US$417.600 millones en capitalización en ese mismo año (Téllez, 2025), mientras que la Bolsa de Valores de Lima (BVL) alcanzó alrededor de US$82.200 millones (Banco Mundial, 2024). Estas cifras revelan que el valor de mercado total de las empresas cotizadas en Caracas representa menos del 1% del tamaño de la bolsa mexicana y apenas una fracción del mercado peruano, reflejando la profunda brecha estructural entre la BVC y otros mercados emergentes de la región.

Durante el período de hiperinflación 2017–2019, la actividad bursátil venezolana se contrajo hasta mínimos históricos. La combinación de una devaluación acelerada del bolívar, un régimen de controles y distorsiones del tipo de cambio y la pérdida abrupta del poder adquisitivo redujo drásticamente el atractivo de los instrumentos financieros locales (Bastidas, 2021). La literatura académica evidencia que en episodios de hiperinflación los agentes económicos tienden a abandonar activos denominados en moneda local y refugiarse en divisas o bienes reales para preservar su riqueza (International Monetary Fund, 2019). Este patrón fue particularmente notorio en Venezuela, donde la incertidumbre cambiaria y la desconfianza en el bolívar erosionaron la base de inversionistas y la participación en el mercado accionario (Rodríguez, 2022).

Tras la liberación del tipo de cambio en 2019, se produjo un punto de inflexión en la dinámica de la BVC. El monto transado anual en dólares de la renta variable en Caracas más que se duplicó de ~US$21 millones en 2018 a ~US$46 millones en 2019, reflejando una respuesta inmediata a la reducción de las distorsiones cambiarias. Pese a la disrupción asociada a la pandemia en 2020, la tendencia general mostró una recuperación gradual de la liquidez. A medida que la estabilización macroeconómica mejoró post–hiperinflación, el valor negociado anual volvió a crecer, alcanzando aproximadamente US$52 millones en 2022, por encima del pico pre-pandemia (Figura 1). Estas tendencias confirman que la profundidad de la BVC ha estado intrínsecamente limitada por las distorsiones monetarias: solo al reducirse el riesgo cambiario (gracias a la dolarización de facto) se produjo una reanimación significativa de la actividad bursátil.

Figura 1: Monto transado anual de renta variable en la BVC (USD Tipo de Cambio No Oficial), 2017–2022.

Fuente: Informes Mensuales SUNAVAL (2026), MonitorDólar y cálculos propios.

A estas limitaciones monetarias se suma un rasgo estructural clave: la ausencia de empresas del sector petrolero entre las emisoras cotizadas en la BVC. La principal industria del país, representada por la estatal PDVSA y sus filiales, no participa en el mercado bursátil local, privando a la bolsa de un ancla de capitalización y liquidez que sí existe en bolsas de economías comparables, donde las compañías energéticas figuran entre las principales. Esta carencia disminuye el atractivo de la BVC y su capacidad para canalizar recursos hacia la actividad económica. En conjunto, el tamaño diminuto, la baja profundidad histórica y la ausencia de emisores estratégicos han restringido severamente el papel de la BVC como fuente de financiamiento corporativo. Tales limitaciones, en su mayoría vinculadas a la inestabilidad monetaria y la estructura sectorial limitada, enmarcan la discusión sobre la posible normalización de transacciones en dólares como un factor de cambio transformador para la bolsa venezolana.

IV.                Evidencia empírica: el caso Perú: estabilidad monetaria y dinamización bursátil

La experiencia peruana de los años noventa ofrece un ejemplo destacado de cómo la estabilidad monetaria puede reactivar un mercado de capitales. A fines de los años 80, Perú afrontó un período de hiperinflación severa (1988–1990) que diluyó el valor de su moneda local y contrajo su mercado bursátil (Quispe, 2019). En 1991 se introdujo el Nuevo Sol como parte de un programa de estabilización que logró controlar la inflación (la tasa anual pasó de 7.482% en 1990 a 73,5% en 1994 según Reinhart y Rogoff, 2011) y restableció la convertibilidad del capital. A medida que mejoró la estabilidad macroeconómica, el volumen anual negociado en la Bolsa de Valores de Lima (BVL) se multiplicó casi diez veces entre 1990 y 1996, pasando de aproximadamente US$645 millones en 1990 a US$8.491 millones en 1996 (Instituto Nacional de Estadística e Informática, 1997). Este extraordinario auge bursátil coincidió con políticas pro-mercado (como privatizaciones y apertura financiera) que favorecieron la participación de inversionistas extranjeros (Durand, 2010). Con un riesgo cambiario prácticamente eliminado gracias a la moneda estable, los inversionistas globales percibieron nuevas oportunidades en los activos peruanos (Marzan, 2017).

Si el bolívar no puede recuperar una estabilidad duradera, la operatividad plena de la BVC en dólares estadounidenses puede reproducir efectos similares a los observados en Perú, al remover la incertidumbre cambiaria y atraer mayor flujo de inversión tanto local como internacional hacia la bolsa venezolana. La experiencia peruana sugiere que un entorno monetario estable es condición necesaria para la profundización bursátil; en ausencia de dicho entorno en la moneda local, recurrir a una moneda fuerte como el dólar podría servir como substituto para reactivar el mercado de capitales nacional.

V.                Mercados internacionales: la variable moneda

A nivel global los mercados de valores más grandes del mundo comparten un rasgo crítico: operan en monedas sólidas y ampliamente convertibles, lo que se correlaciona con mayor profundidad y atracción de capital internacional. La siguiente Tabla 1 muestra el ranking global de bolsas por capitalización bursátil junto con la moneda en que operan:

Tabla 1: Ranking global de bolsas de valores por capitalización bursátil (2024)

RankBolsaMoneda de cotizaciónCapitalización bursátil (USD)% Sobre el Total
1New York Stock Exchange (NYSE)Dólar estadounidense (USD)28,42 billones26.82%  
2Nasdaq (EE. UU.)Dólar estadounidense (USD)25,43 billones24%  
3Euronext (Europa)Euro (EUR)7,22 billones6,81%
4Japan Exchange Group (Tokio)Yen japonés (JPY)6,66 billones6,29%
5Shanghai Stock Exchange (SSE)Yuan chino (CNY)6,55 billones6,18%
6National Stock Exchange (India)Rupia india (INR)4,65 billones4,39%
7Shenzhen Stock Exchange (SZSE)Yuan chino (CNY)4,10 billones3,87%
8Hong Kong Exchanges (HKEX)Dólar de Hong Kong (HKD)3,87 billones3,65%
9London Stock Exchange (LSE)Libra esterlina (GBP)3,42 billones3,23%
10TMX Group (Toronto)Dólar canadiense (CAD)3,21 billones3,03%
 
19B3 Brasil Bolsa Balcão (Brasil)Real brasileño (BRL)965,45 mil MM0.911%
20Johannesburg Stock ExchangeRand sudafricano (ZAR)955,79 mil MM0.902%
24Bolsa Mexicana de Valores (BMV)Peso mexicano (MXN)549,39 mil MM0.519%
49Egyptian Exchange (EGX)Libra egipcia (EGP)38,17 mil MM0.036%

Fuente: CEOWORLD (datos WFE, marzo 2024)

Las 10 mayores bolsas del mundo operan en monedas “duras” (dólar, euro, yen, libra, etc.) y concentran la mayor parte de la capitalización global. En posiciones intermedias (rango 11–25) aparecen mercados de economías emergentes que usan monedas con volatilidad moderada (Real brasileño, Rand sudafricano, Peso mexicano), cuyas capitalizaciones aún alcanzan el rango de cientos de miles de millones de USD. Recién en posiciones más bajas encontramos mercados en monedas crónicamente débiles: la Bolsa de Egipto (EGX), tras la devaluación de su libra, figuraría ~puesto 49 con ~US$38 mil millones. Esto apunta a que los mercados bursátiles más profundos prosperan en entornos monetarios estables, mientras las plazas en monedas con alta inflación o devaluaciones frecuentes quedan rezagadas en tamaño.

Cabe señalar que los centros financieros en monedas fuertes son también centros globales para financiar industrias clave como la energética. En Estados Unidos (USD) y Reino Unido (GBP), mercados con monedas sólidas, cotizan las principales empresas petroleras del mundo (ExxonMobil, Chevron en Nueva York; BP, Shell en Londres), aprovechando la confianza en esas monedas para atraer inversionistas globales. Asimismo, los contratos de futuros del petróleo (WTI en la CME/NYMEX neoyorquina y Brent en la ICE de Londres) se negocian en dólares, asegurando la participación de agentes internacionales sin riesgo cambiario añadido. En síntesis, una moneda estable favorece la creación de mercados de capital profundos y la capacidad de financiar sectores intensivos en capital como el petrolero, reforzando la importancia de la moneda de transacción para la reactivación de la BVC.

VI.             Sector petrolero: un caso natural para la BVC en dólares

El negocio petrolero es por excelencia un sector intensivo en capital y globalizado en dólares: sus proyectos de exploración y producción requieren inversiones multimillonarias con horizontes largos, y sus flujos de caja (ingresos y egresos) se denominan mayormente en USD. Por ello, las petroleras internacionales recurren a los mercados de capital en monedas fuertes para financiarse. Por ejemplo, Saudi Aramco cotizó en 2019 un 1,5% de su capital en la bolsa de Riad (moneda local con tipo de cambio fijo al dólar) y recaudó US$25.600 millones, protagonizando la mayor oferta pública inicial de la historia (Aramco, 2020). De forma análoga, Petrobras (Brasil) y Ecopetrol (Colombia) cotizan en sus bolsas locales y en Nueva York, captando capital en reales, pesos y dólares, con sus ingresos exportadores en USD respaldando la confianza de los inversores globales.

En Venezuela, la incorporación del sector petrolero al mercado de capitales local ha sido una asignatura pendiente: PDVSA jamás ha emitido acciones en la BVC, financiándose históricamente con ingresos petroleros y deuda externa. La propuesta gubernamental de 2022 de vender hasta un 10% del capital de ciertas empresas públicas, incluidas petroleras, en la bolsa local evidenció la necesidad urgente de recapitalización de la industria energética (Menéndez, 2022). Sin embargo, aquella iniciativa no se concretó, frenada por obstáculos estructurales (rezago en información financiera, deudas con socios minoritarios, sanciones internacionales) que impidieron su ejecución (Petroguía, 2022). Esta experiencia refuerza que para atraer capital doméstico y extranjero hacia la industria petrolera venezolana, es indispensable minimizar el riesgo cambiario, es decir, operar en la moneda global del sector, el dólar (Gelos et al., 2024). Solo mediante un mercado de valores denominado en USD la BVC podría ofrecer a PDVSA y sus filiales acceso a financiamiento masivo en condiciones competitivas, replicando en Venezuela lo que sus pares internacionales logran en plazas bursátiles de monedas estables.

VII.          Conclusiones

Sobre la base de los antecedentes analizados –contexto macroeconómico, evidencias comparativas y aplicación sectorial– se concluye que la normalización de las transacciones en dólares estadounidenses en la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) constituye un paso fundamental para dotar al mercado de capitales venezolano de la profundidad y competitividad necesarias. La experiencia internacional demuestra que un entorno monetario estable es condición sine qua non para un mercado bursátil robusto y la BVC, dada la fragilidad histórica del bolívar, no será la excepción. Si bien la dolarización transaccional no es una solución única, su implementación eliminaría la principal barrera que hoy limita la participación de capitales y la capacidad del mercado para financiar proyectos productivos.

En particular, el sector petrolero, estratégico para la economía venezolana, resultaría uno de los principales beneficiarios de un mercado bursátil ampliado y denominado en dólares, al proveerle una nueva fuente de financiamiento alineada con la moneda de sus flujos.

La adopción formal del USD en las operaciones bursátiles permitiría al mercado local integrarse mejor con los flujos globales de inversión y reactivar la confianza y participación de inversores institucionales y minoristas, tanto domésticos como internacionales. En última instancia, la transformación de la BVC hacia un mercado operado en USD representaría un cambio estructural que, acompañado de mejoras regulatorias e institucionales, podría convertir al mercado de capitales en un aliado real para la reconstrucción y modernización de la economía venezolana.

Referencias

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Gabriela Dávila

Economista egresada de la UCAB, cum laude, con experiencia en investment banking, análisis económico e investigación de mercado. En LEĜA participa en modelado financiero, automatización de procesos y preparación de materiales estratégicos para clientes, combinando visión analítica y capacidad técnica.

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